Falta de servicios públicos en Táchira complica aprendizaje de niños venezolanos que estudian en Colombia

niños venezolanos

Sin Internet, sin electricidad y sin datos, los niños venezolanos que estudian en Colombia no la tienen fácil. Sin embargo, ni las autoridades del vecino país, ni las ONG ni los padres y representantes tiran la toalla. Cualquier sacrificio es válido a la hora de garantizar el aprendizaje de los pequeños.

San Cristóbal. Tras el éxodo de docentes venezolanos al extranjero, dada la pésima calidad de vida y los bajos sueldos en el sistema educativo nacional, los padres y representantes de los niños de la frontera se vieron en la obligación de migrar a sus hijos a escuelas y colegios del Norte de Santander en Colombia.

Ureña y Bolívar son los municipios cuya gran cantidad de infantes iniciaron sus estudios en el vecino país, por lo que, luego del cierre de las fronteras con Colombia dada la pandemia del COVID-19, quedaron de manos atadas, pues la pésima conectividad en las zonas fronterizas del Táchira, así como los cortes reiterados y prolongados de energía eléctrica, les dificultan la posibilidad de cumplir con las tareas de manera oportuna.

Ante esta situación, la Secretaría de Educación del Departamento Norte de Santander adaptó la planificación para impartirla vía online a fin de dar continuidad al proceso de aprendizaje de los niños. Sin embargo, los constantes apagones en la frontera dejan sin posibilidad de hacer las tareas a los más pequeños.

La secretaria de Educación del vecino municipio colombiano, Laura Cáceres, informó que se estudia la posibilidad de abrir un canal humanitario para que los niños reciban guías, precisamente para paliar esta grave situación.

Hace unos 15 días, niños en edad preescolar recibieron kits para prepararlos para el proceso de transición a primaria. Sin embargo, los que ya la estudian, así como los que están en secundaria, no han podido recibirlas, por lo que siguen padeciendo por la falla de los servicios de electricidad e Internet.

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Destacó Cáceres que ya ha sostenido reuniones con rectores de diferentes centros educativos, a fin de evaluar la situación de los niños venezolanos y buscar las mejores estrategias en aras de garantizar su aprendizaje.

De abrir el canal humanitario, Cáceres explicó que la entrega se hará a los padres y representantes de los estudiantes y extremando las medidas de protección y bioseguridad. Por ahora, el uso de grupos de WhatsApp y plataformas han sido las herramientas más utilizadas por los docentes en el vecino país para impartir las clases.

El director de Fundaredes, Javier Tarazona, explicó que a través de la Red de Movilidad Colombo-Venezolana realizan monitoreos frecuentes sobre la población pendular, y detectaron que más de 9700 niños transitaban a diario por los pasos binacionales.

En enero ya había una petición de más de 4000 niños con aspiraciones de ingresar a instituciones educativas del Norte de Santander para el nuevo año que comenzó en enero”, indicó.

Detalló que esto eleva la población escolar venezolana a unos 15.000 niños.

Destacó que las clases en línea que se imparten en el vecino país son totalmente diferentes a las que se pretendieron dar en Venezuela, pues en Colombia todos los estudiantes tienen acceso a Internet y servicio de electricidad ininterrumpido.

“Tienen acceso a equipos tecnológicos que les permiten desarrollar sus actividades académicas”, mientras que en Venezuela el acceso a servicios como la electricidad, Internet y hasta datos de telefonía se ha convertido en un imposible.

Añadió que los niños que viven de este lado de la frontera han atravesado una infinidad de dificultades para cumplir con las asignaciones: “En San Antonio y Ureña hay algunos sectores o barriadas que tienen energía eléctrica permanente y han logrado hacer contrataciones del servicio de Internet colombiano, razón por la cual pueden cumplir con sus actividades escolares”.

Explicó el director de Fundaredes que estos sectores son privilegiados, pues asegura que allí viven cabecillas de grupos irregulares, guerrilla, entre otros.

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Indicó que el nivel de exigencia educativo en el vecino país es muy alto, por lo que esta situación afecta a los más pequeños, quienes ya de por sí padecen las penurias que implica cruzar diariamente los puentes binacionales.

Agregó que han solicitado a la Unicef y a la oficina del Alto Comisionado de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas que contribuyan a que se generen mecanismos alternativos de conectividad que garanticen que los niños cumplan sus asignaciones escolares.

Comunicación por WhatsApp
Gerard Morales, padre de una pequeña estudiante de sexto grado, explicó que, si bien hay un profesor a cargo, tiene más docentes, pues ese grado es el equivalente al primer año de educación básica.

La profesora creó un grupo de WhatsApp y van montando las asignaciones. Además de eso, tienen por el colegio una plataforma donde montan las calificaciones y las tareas. Nos dan varias opciones”, dijo.

El representante de la pequeña aseguró que les es mucho más fácil atender los requerimientos estudiantiles a través del grupo de WhatsApp, debido a que si se va la luz debe esperar a que llegue el servicio: “Toca adecuarse a la hora que haya luz para las investigaciones, plantear y acceder a cualquier información”.

Califica de complicada la situación, pues los niños venezolanos están en desventaja en comparación con sus compañeros colombianos, pues ellos sí tienen los servicios de manera permanente. Agregó que no solo es el tema de la luz que les afecta, pues a veces hay electricidad pero no hay ni Internet ni datos en los teléfonos como para trabajar en los dispositivos.

“Movilnet para el sector donde yo vivo, en Palotal, tiene cuatro meses muerto, y en San Antonio es poco lo que sirve. Yo tengo Movilnet y Movistar y es igual. Antes no fallaba, pero ahora agarró la maña de ir y venir la señal”, añadió.

Acotó que deben a veces despertarse en la madrugada para hacer las entregas, no sin antes pedir disculpas a los docentes por el envío de tareas a esas horas: “Les hacemos saber que nos toca a esas horas por la luz y la conectividad”.

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Señaló que conoce personas que tienen más problemas para entregar las asignaciones, pues hay sectores donde la electricidad y la conectividad fallan mucho más. Dada esta situación, los docentes colombianos han manifestado mucha comprensión, pues saben la compleja realidad que se vive en la frontera venezolana.

No tienen claro cuándo volverán a las aulas
Agregó Morales que, si bien tienen conocimiento de que posiblemente en agosto inicien las clases presenciales, ningún profesor les ha dicho cómo será el procedimiento con los niños venezolanos. Sin embargo, añadió que muchos padres y representantes venezolanos han dejado claro que están de acuerdo con que los niños reciban sus clases presenciales, pero que les preocupa el embudo migratorio que se presenta en el sector de La Parada.

“Hay una situación compleja. Estamos en junio, pero son todos los días que llega gente, y con eso de que el Gobierno solo va a dejar pasar a la gente que viene tres veces a la semana, se complica más. Hay muchísima gente. Si llegamos hasta agosto y sigue este problema, yo pienso que es mejor seguir como vamos hasta que el virus tenga cura o haya una curva más baja de contagio”, advirtió.

En este sentido, Javier Tarazona informó que se han sostenido varias reuniones con representantes gubernamentales del vecino país para tratar el tema humanitario, por lo que no duda que haya una flexibilización en el aspecto educativo para los niños venezolanos, una vez se inicien las clases presenciales en el Norte de Santander.

“Estamos esperando la evolución de la pandemia y la cuarentena para poder evaluar la contingencia y las medidas que deben tomarse”, puntualizó.


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