El Programa Nacional Escuela de Fe y Alegría hizo un plan de emergencia que llamó respuesta rápida para dar continuidad a la educación. Repartieron más de 300 guías a sus estudiantes y utilizaron las redes sociales, la radio y la presencialidad para llegar a 81% de sus estudiantes. Se quedaron atrás al menos 20.208 (19 %) niños, niñas y adolescentes. Sin embargo, ya iniciaron un plan de recuperación y nivelación para incorporarlos nuevamente.

Caracas. No fue magia, dijeron en el foro «El milagro educativo en tiempos de COVID-19». Requirió esfuerzo y voluntades para lograrlo. El Programa Nacional Escuela de Fe y Alegría se preguntó qué hacer para enfrentar esta nueva modalidad educativa de estudios a distancia. Desde 2019 venían con un programa de educación en emergencia por la crisis humanitaria del país, a esto, se unió el 13 de marzo cuando el COVID-19 llegó a Venezuela. 

“A partir de las políticas del Ministerio de Educación planteamos un programa de emergencia que llamamos respuesta rápida”, contó Noelbis Aguilar, directora del Programa Escuela de Fe y Alegría. Así comenzaron a reflexionar sobre los desafíos de atención educativa para los estudiantes y sus familias. Desde el 16 de marzo el programa Cada Familia Una Escuela del Ministerio de Educación ha sido el plan oficial para orientar este proceso durante el confinamiento. 

Entonces establecieron un plan de estudio para dar respuesta a esta nueva emergencia:

La idea fue crear convicciones para que los estudiantes se mantuvieran en casa con una propuesta psicoemocional, de salvar vidas, que incidiera en cambios de hábitos seguros y de protección, dijo Aguilar.

Al 19 de junio Fe y Alegría había atendido a 81 % de los 106.358 estudiantes que tienen en todo el país. Se quedaron atrás al menos 20.208 (19 %) niños, niñas y adolescentes jóvenes. Aguilar aseguró que tienen un plan para ellos y que, de esos, ubicaron a 50 %. “Tenemos un plan de recuperación y nivelación, en algunos casos, ya comenzamos en julio”. Para septiembre trabajarán con los que aún no se incorporan. 

Este proceso supuso la integración de la comunidad, los directivos, familias y docentes: “Nuestra propuesta pedagógica estaba enmarcada en un proyecto psicosocial para que nuestros muchachos fuesen resilientes ante esta situación”, contó Aguilar. La tecnología fue importante, pero también la participación de las familias. 

Patricia Verastegui, coordinadora pedagógica de preescolar y primaria, explica que se enfocaron en fortalecer el desarrollo de competencias fundamentales: lenguaje y comunicación, razonamiento lógico matemático, valores y lo socioemocional. Sobre todo, vinculadas al contexto para que sean útiles en la vida del estudiante.  

Fe y Alegría dio una respuesta multimodal: digital, presencial y radial. Repartieron 308 guías de estudios. Pero no solo los contenidos educativos estuvieron presentes. La formación de manera holística, como ellos le llaman, sirvió para atender la espiritualidad, lo psicosocial y la promoción y defensa de los derechos humanos de los niños, niñas y adolescentes durante el confinamiento. 

“Estamos compartiendo las buenas prácticas y las lecciones para continuar”, refirió Aguilar.  El nuevo año escolar 2020-2021, según lo anunciado por Nicolás Maduro el 9 de julio, comenzará en septiembre, también a distancia. Los casos de COVID-19 van en aumento. El país suma, hasta el 27 de julio, casi 16.000 contagios y 146 fallecidos. El país continúa en cuarentena y en entidades como Distrito Capital, Miranda y Zulia, se ha radicalizado. 

Cuatro aprendizajes 

Henry Renna Gallano, coordinador del Clúster de Educación de Unicef en Venezuela, también participó en el foro «El milagro educativo en tiempos de COVID-19». Presentó cuatro aprendizajes que dejaron estos meses en que la modalidad de estudios fue desde casa: 

  • “Importa tanto el destino como nuestros pasos en el proceso de continuidad educativa”. Habló de la necesidad de contar con un marco estructurado que oriente el sentido del proyecto pedagógico y sus pasos para llegar a ello. “Hemos aprendido en estos cuatro meses que esa organización curricular debe dosificar las actividades y tareas para el hogar, debe evitar la sobresaturación, y el contenido inconexo entre sí”. 
  • “Es clave que se siga escuchando la educación, pero al mismo tiempo es clave que se escuche en armonía”. Se refería a la multiplicación de plataformas y medios, mediante los cuales se propuso la continuidad de los programas de estudio. “Hemos reflexionado que se deben escuchar en armonía, la radio, la televisión, las redes sociales. Que no generemos ruido para las familias”.  
  • “Para aprender, el corazón debe tocar la cabeza para que se transforme en una acción significativa”. Explicó que la tríada cognitiva, afectiva y conductual debe trabajar desde la integración. “Esta crisis nos pone al centro la dimensión socioemocional, el cómo aprendemos depende de cómo nos sentimos”. 
  • “Es vital la herramienta, pero nos hemos dado cuenta de que quizás es más importante el artesano que la trabaja”. El acceso a la tecnología, equipos y conectividad es clave. Pero, según manifestó, “serán los maestros y maestras los principales protagonistas para la continuación del programa educativo”. Llamó a hacer énfasis en su acompañamiento técnico, de cuidado y soporte socioeconómico.  
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