La llegada del nuevo seleccionador al banquillo de la Vinotinto no fue una imposición política, sino una jugada maestra del mandamás del despacho de El Recreo, Laureano González.

Caracas. Fiel a la tradición de su mentor Rafael Esquivel, el presidente de la Federación Venezolana de Fútbol (FVF), Laureano González, fue el que decidió el nombre del nuevo seleccionador nacional, el portugués José Peseiro, quien será presentado oficialmente el miércoles 12 de febrero como sucesor de Rafael Dudamel.

Esquivel siempre nombraba comisiones y simulaba un consenso para terminar decidiendo a su gusto el entrenador de la Vinotinto. Quizá, González es un poco más abierto, pero lo que no cabe duda es que su palabra y sus gestiones marcaron la llegada de Peseiro, al contrario de los  muchos que piensan que la contratación del luso fue una imposición de las altas esferas del Gobierno.

Pragmático como siempre ha sido, González hizo las gestiones para encontrar un DT económicamente al alcance de la FVF, puso su nombre en la mesa, seguramente consultó al ministro del Deporte —y también vicepresidente federativo Pedro Infante—, no avisó a nadie de su regreso al país y vino acompañado del estratega que eligió.

¿Qué pasó con las gestiones que hacía Jesús Berardinelli con Jorge Sampaoli? Al parecer nunca contaron con la aprobación del presidente. Berardinelli claramente se tomó atribuciones que no le corresponden, sobreestimó su poder en un despacho que González conoce al dedillo y olvidó que el que manda solo pidió una licencia de un mes.

¿Por qué Berardinelli actuó a las espaldas de Laureano? El tema de fondo son las próximas elecciones de la FVF, donde Berardinelli tiene aspiraciones. El actual presidente también es vicepresidente de la Confederación Suramericana de Fútbol (Conmebol) y probablemente no se presentará al próximo proceso eleccionario por priorizar su carrera en los organismos internacionales, pero no es de extrañar que quiera dejar en la silla a un hombre de confianza.

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El pacto de Peseiro sigue la línea de González, quien no es dado a arriesgar ni comprometer las arcas de la Federación que dirige. Cuando se fue Noel “Chita” Sanvicente buscó en la casa a un técnico sin experiencia en combinados absolutos como Rafael Dudamel, un adiestrador de menos de un millón de dólares anuales, muy por debajo de los cinco millones anuales que pidió Sampaoli.

La FVF tampoco buscaba un proyecto como el del mundialista argentino porque necesitaba de financiamiento externo para poder realizarlo. Además, en el despacho de Sabana Grande reposan muchos proyectos a largo plazo que presentaron técnicos nacionales y nunca se realizaron porque no es la manera de trabajar de la dirigencia futbolística, y menos en la actualidad, con la crisis económica que azota al país.

¿Es Peseiro la mejor opción para la Vinotinto? No se puede determinar por los momentos. Tiene más experiencia en el fútbol que Dudamel, pero va a trabajar contra el tiempo y en un entorno en el que no ha dirigido. Se le critican sus pocos logros, sin embargo —quizá con la excepción del argentino José Omar Pastoriza— ningún seleccionador venezolano asumió el cargo con una hoja vida llena de logros y trofeos.

La FVF no ha cambiado en muchos aspectos, más allá de tener ahora una mayor planificación en las categorías menores o al menos un mayor cuidado para preparar los combinados menores.


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