La semana se inició y culminó con largas colas de pensionados en las entidades bancarias. Luego de tres horas o más de espera, solo pudieron recibir día y medio de pensión. El cansancio se refleja en las piernas y rostros. Muchos de ellos aguantan para poder adquirir alimentos en los mercados a precios más bajos.

Caracas. En la fila, tras tres horas o más en cola, bajo el sol o la lluvia, con sed o ganas de ir al baño, los pensionados intentan conseguir una posición “cómoda” para esperar por 90 bolívares soberanos. Blanca Suárez, de 62 años de edad, se apoya de la pared, recuesta la cabeza del muro, amarra sus brazos a la cintura y deja caer los hombros. Perdió la cuenta de los cruces de piernas que ha hecho.

Sin más, se resigna a mover los pies mientras que su cuerpo se amolda cada minuto a la pared. En algún momento llegaré a la taquilla, dice desde el estacionamiento de la entidad bancaria, ubicada en Chacao. El lunes, día en que también cobró la pensión, sintió dolor en la cervical, hoy el dolor continúa.

Estoy cansada. Quisiera que pagaran todo de una vez. Llora y se seca las lágrimas. Casi no veo, con este problema de cataratas que tengo, siento como si tuviese arena en el ojo. Y con el sol, más la brisa, me quita visibilidad. Blanca, quien vive en Guatire, considera que es más fácil cobrar en Caracas: Allí sí es verdad que tendría que amanecer, dice, aunque también madrugó para llegar a Chacao.

Tres horas en una cola son suficientes para pensar, pedirle a Dios e incluso tomar decisiones. Ya no puedo seguir así, no sé qué haré. Pero no podemos estar así. Es una cola para todo, Dios tiene que meter su mano. Parte de las energías de Blanca también se han quedado en una «perrera» tras intentar subirse, aunque la ayudan, ya que sus brazos parecieran no resistir. Uno piensa hasta para salir de la casa.

También le duelen los pies y la cintura. Necesita tomar calcio, pero desde el año pasado no lo ha podido comprar. Blanca se desgata en una jornada que todavía no acaba, esta vez la tercera no será la vencida. El 14 de septiembre le toca volver por el tercer pago.

El Gobierno decidió, el 29 de agosto, fraccionar los 1800 bolívares soberanos de pensión en tres pagos, dos de 450 bolívares soberanos –1° y 7 de septiembre– y uno de 900 bolívares soberanos. Los pensionados pensaban que podrían retirar el monto completo en efectivo, pero han tenido que resignarse a recibir 90 bolívares; es decir, día y medio de pensión.

La falta de efectivo no permite que reciban más, pese a los compromisos que ha adquirido la Sudeban con los pensionados: La resolución N° 40.809, de diciembre de 2015, establece que los bancos no pueden limitar la cantidad de retiro en efectivo; además de la circular que emitió en marzo para exhortar a las entidades a pagar con billetes de alta denominación.

La semana pasada se reunieron con el presidente de la Superintendencia de Bancos, Antonio Morales. En ese encuentro firmaron un acta de compromiso, donde se les iba a cancelar el dinero en efectivo. Días después, en un nuevo encuentro, les dijeron que solo podrían cubrir 25 % de los 450 bolívares soberanos porque no había liquidez ni efectivo, informó Luis Cano, coordinador del Frente Único en Defensa de los Pensionados, Jubilados y la Tercera Edad.

Los pensionados, que por la edad ya comienzan a perder algunas facultades físicas, resisten en la calle. El 11 de septiembre marcharán por la dignidad desde Parque Carabobo hasta la Defensoría del Pueblo.

Desde el pasado 29 de agosto, cuando protestaron en la sede del Instituto Venezolano de los Seguros Sociales, aun jorobados se levantaron en un grito ante las irregularidades a las cuales han sido sometidos en estos días. Ese día rechazaron el uso del carnet de la Patria para el pago de las pensiones; luego, el 1° de septiembre, volvieron a la calle, estaba anunciada una jornada especial de cobro y las agencias bancarias no abrieron sus puertas.

Y aunque el jueves se unieron en otra protesta en la plaza Juan Pedro López, detrás del Banco Central de Venezuela, por el pago completo de la pensión, no los escucharon.

El cansancio en las piernas, caderas y espalda es para evitar otro dolor: no comer. En un país con hiperinflación, solo en agosto la cifra fue 223 %, comprar alimentos en efectivo puede llenar algunos espacios vacíos del estómago.

Soraya Ruíz, de 68 años de edad, recuerda lo que pudo comprar el lunes con 90 bolívares soberanos en el mercado de Coche: dos kilos de guayaba, uno  de parchita, una lechosa, limones y medio cartón de huevos. Dice que cuando utiliza el punto de venta, los precios aumentan hasta 15%.

Por esta misma razón, Rosa Palma, aunque siente que se le van a “reventar” las várices, continúa en la cola. Cansada y muerta de hambre, pero necesito el efectivo. Rosa Pérez, de 63 años de edad, quien tiene una prótesis en la rodilla, dice que al terminar la jornada queda en cama: Y a uno no le alcanza para comprar un antiiflamatorio.

Llegan a casa. Se bañan, toman agua y colocan las piernas en alto. Tienen siete días para descansar hasta el próximo desafío por 90 bolívares soberanos.

Fotos: Luis Morillo.


Participa en la conversación