Cerca de 25 profesionales venezolanos, entre ingenieros de computación, mecánica y electrónicos; médicos e incluso arquitectos se unieron a través de las plataformas digitales para comenzar con la fase de construcción de un respirador artificial.

Caracas. La pandemia del COVID-19 ha dado pie para que los venezolanos, dentro y fuera de su territorio, trabajen en nuevos proyectos que podrían facilitar los procesos clínicos y aumentar la protección del personal de la salud a través de donaciones. La creatividad, el profesionalismo y la unión de ideas desde diferentes áreas del conocimiento han sido indispensables. 

Uno de los puntos más débiles que enfrentan los hospitales de países en desarrollo durante la emergencia del COVID-19 es la falta de ventiladores. En el país solo hay 102 camas con ventiladores en 12 entidades. La función de esta máquina parte de la posibilidad de mantener a los pacientes respirando incluso cuando ya no son capaces de hacerlo por sí mismos. Un equipo de estos podría costar hasta 20.000 dólares.

En el país cerca de 25 profesionales, entre ingenieros de computación, mecánica y electrónicos; médicos e incluso arquitectos se unieron a través de las plataformas digitales para comenzar con la fase de construcción de un respirador artificial. El proyecto, que surgió en el departamento de Procesos y Sistemas de la Universidad Simón Bolívar (USB), está liderado por el ingeniero y profesor de esa casa de estudios, Fernando Torre Chalbaud, quien comparte el trabajo con el docente universitario Pedro Celis Caraballo. 

Esta iniciativa no es nueva en el mundo. Algunos ejemplos son de la Universidad de Antioquia, Colombia; la Universidad de Marburg, Alemania, y el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), Estados Unidos, que han desarrollado los respiradores artificiales mediante distintas tecnologías.

Los científicos venezolanos no se quedan atrás. La diferencia es que el diseño nacional tendrá ajustes para poder fabricarlo en Venezuela, en un contexto de dificultad para conseguir los materiales y altos costos por el comportamiento del dólar. 

El proyecto, que tiene dos semanas caminando, ha unido recomendaciones de venezolanos en Caracas, Guatire, El Hatillo, Barquisimeto, Maracaibo, Houston, Nueva York, Florida y dos localidades en Europa. Todos remotos, todos voluntarios.

Estamos trabajando a todo tren. Estamos llamando a gente de buena voluntad que nos ayude con recursos. También hemos tenido el apoyo de varias empresas, contó Torre Chalbaud a Crónica.Uno.

Los venezolanos que participan en el proyecto generaron alianzas para poder avanzar, entre esas, está Sonriu, un centro de diseño e impresión 3D ubicado en Caracas; y también Meditron, que les presta asesoría en alta tecnología médica.

Centro de diseño e impresión 3D de Sonriu en Caracas, una de las empresas que apoya el proyecto. Foto: Cortesía

A medida que han avanzado, encontraron tres modelos de respiradores artificiales construidos en el mundo y tres formas de fabricarlos: electromecánico, electroneumático y neumático. Dos de esos modelos los está haciendo el equipo del profesor de la USB, y el restante ya lo desarrolló un ingeniero venezolano que mandó los planos para imprimirlo en 3D.

Cuando finalicen, estos pasarán a ensayos clínicos. Esperan que se hagan en un centro de pruebas con una de las compañías aliadas que son especialistas en respiradores. Por las medidas de distanciamiento, los profesionales verían el avance a través de plataformas de video. 

Para Torre Chalbaud, esta experiencia de desarrollo de un producto para el área médica les ha servido para ver que, cuando la pandemia termine, el problema hospitalario y respiratorio sigue. Estos productos falta seguirlos trabajando. Nosotros necesitamos desarrollar tecnologías propias en el país, aseguró. 

Así luce el ventilador de bajo costo construido por el MIT. Foto cortesía
Desarrollo de un test rápido 

La bióloga venezolana Irene Bosch participa en un grupo de tres latinoamericanos que pasaron a la fase de ensayos clínicos una prueba de detección rápida de COVID-19. Una vez se verifique su funcionamiento en pacientes contagiados y sanos, proceso que podría tardar dos semanas, entonces se determinará si tienen un producto comercial que se pueda distribuir en grandes cantidades. 

Bosch es egresada de la Universidad Central de Venezuela (UCV) con un doctorado de Biología Molecular y Medicina Tropical en la Universidad de Harvard. Se ha destacado en investigaciones sobre dengue, zika y chikungunya. En esta oportunidad, todo su conocimiento está fijado en una sola meta: conseguir la aprobación de este test rápido.

La prueba consiste en un pequeña tirilla que se coloca en el contenido de hisopado nasofaríngeo y se deja reaccionar por 15 minutos. En ese tiempo, tendrá que aparecer o no una banda. Si se ve, es porque está positiva. Tan sencillo como si fuera una prueba de embarazo. 

Según comentó para La Romántica 88.9 FM, su equipo tiene un gran interés en distribuir el producto en la región. Están haciendo contacto con gobiernos a través de e25bio.com para que los primeros 100.000 que se fabriquen lleguen a las manos de los más necesitados. Sin embargo, detalló que el gobierno de Nicolás Maduro no se ha comunicado con su equipo para que Venezuela se beneficie con este test.

Irene Bosch ha desarrollado test rápido para otros virus como el dengue y el zika. Foto: cortesía
Donan protectores faciales a hospitales centinela

Makers Venezuela partió de una iniciativa en República Checa de una empresa muy famosa de impresión 3D que tomó las riendas y diseñó los primeros protectores faciales para el personal médico en medio de la pandemia. Recibieron ideas desde Europa y luces sobre cómo organizarse hasta que crearon un canal de Telegram para agrupar a los voluntarios. 

Hasta la fecha han entregado cerca de 400 unidades en hospitales centinelas. Incluyen el Hospital Dr. Domingo Luciani, el Pérez de León, el Hospital Militar y ambulatorios en El Hatillo. Ahora, con la mirada fija en la meta de los 2250 protectores, tienen pedidos del Hospital Clínico Universitario, el hospital Pérez Carreño y clínicas privadas. 

El trabajo en equipo con personas de otros estados y empresas ha sido increíble. Compartimos la visión que es ayudar. Ninguna empresa ha querido tener protagonismo. Todos están aportando en la medida de lo posible. Tenemos personas en el equipo desde Anzoátegui hasta en Táchira, sostuvo Kelvin Soler, coordinador de Makers Venezuela, a Crónica.Uno

El diseño es totalmente venezolano. Se creó de acuerdo con las recomendaciones de médicos venezolanos que los ayudaron a detectar un plástico que es capaz de soportar los procesos de esterilización para que puedan ser reusables. 

Lo más difícil ha sido conseguir la materia prima para seguir produciendo. Es por ello que abrieron una campaña por GoFundMe para solicitar donaciones y poder adquirir materia prima certificada desde el exterior. Ahora son más de 130 voluntarios y 20 colaboradores que aportan sus máquinas y horas de trabajo para dejar una huella humanitaria en el país.

Foto: Cortesía Makers Venezuela
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