Nacido en Falcón y criado en Caracas, Wilmer Becerra Durán, geógrafo, ambientalista y pintor se ha destacado en su profesión por sus estudios de relieve y sus relaciones, así como por sus habilidades para los dibujos y pinturas de aves y fauna en general. Sus obras conocidas son el mural en el mariposario del parque Zoológico de El Pinar y pinturas del parque nacional El Ávila.

Caracas.  En 1960, año en que la Billos Caracas Boys publicaba su “Canto a Caracas”, nació en Falcón el geógrafo, pintor y ambientalista, Wilmer Becerra Durán, quien se crió y formó en la capital, ciudad que ama, dibuja y plasma en cuadros y murales.

Este 25 de julio Caracas llega a sus 453 años. En Crónica.Uno no queremos dejar pasar por debajo de la mesa este aniversario. En 1960, un migrante de República Dominicana, Billo Frómeta, le dedicó una canción a la ciudad que le abrió sus puertas. Hoy, presentamos la historia de Wilmer Becerra Durán, quien a los siete años llegó a la capital de la mano de sus padres desde el occidente del país, y ya nunca volvió a irse.

Caracas

Nació el 13 de octubre de 1960 en la ciudad de Punto Fijo, en la península de Paraguaná, estado Falcón. Allí vivió con sus padres, el tachirense José Becerra y la trujillana Carmen Lucila Durán, hasta 1967. Desde entonces, salvo tres años que vivió en San Cristóbal y otros tres en El Tigre, ha estado en Caracas.

Este hijo de andinos se considera caraqueño por sus estudios (desde la primaria, con la excepción de tres años de bachillerato en Táchira), cultura, acento, vivencias, conocimiento de la ciudad, relaciones sociales y familiares.

Aunque soy rockero viejo, me gusta una canción dedicada a Caracas por Billo Frómeta, Caracas Vieja, muy bonita y nostálgica. Sigo en Caracas porque mis trabajos los he conseguido desde aquí gracias a las empresas consultoras y ambientalistas particulares que me contactan. Y también porque tengo mi vínculo afectivo con esta urbe. A pesar de lo que tenga de negativa«.

Sus estudios de Geografía en la Universidad Central de Venezuela le dieron conocimientos para analizar y percibir de manera más objetiva la problemática urbana. «Hay partes de la ciudad que puedes catalogar de ‘feas’, desorganizadas, a veces hasta infrahumanas. Otras son más gratas, funcionalmente más integradas, menos peligrosas. He realizado trabajos en zonas ‘duras’ de Caracas, como algunos barrios de Petare, de Baruta, de San Juan, con fama de peligrosos y la gente en muchos casos ha sido espléndida y colaboradora«

Explica que, en contraste con aquellos sectores, ha trabajado en urbanizaciones más integradas, organizadas, con mejor calidad de vida y se he llevado más de un portazo en la cara. Y también ha sido víctima de robos y asaltos.

Con Caracas suele decirse que se establece una relación de amor-odio. Hasta una simple redoma bien cuidada, un bulevar o paseo aseado, una plazoleta mantenida, un sitio donde poder sentarte a leer un buen libro, tienen su encanto. Esas cosas sencillas de Caracas arraigan a las personas en la ciudad.

De Caracas le preocupa la manera en que vivimos, gestionamos, interactuamos y gobernamos esta urbe. Todo depende de nosotros. Sonará trillado, pero es necesario que seamos ciudadanos y no sólo habitantes. Cualquier gesto positivo sería bienvenido: desde dejar de arrojar basura a las vías públicas, laderas y quebradas, evitar los incendios en el Ávila, hasta administrar con transparencia los fondos públicos y los recursos destinados a la gestión de la ciudad, a sus servicios básicos.

Caracas
Ese cuadro está sin concluir. Guacamayas y otras aves caraqueñas vistas desde una azotea

De los lugares de Caracas tiene preferencia por los espacios abiertos verdes: «el Ávila, ese ‘vecino’ fundamental’ de Caracas; el Parque del Este, a pesar del descuido y abandono actual; el escaso casco histórico que nos va quedando en la ciudad». 

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Le importa la parte natural de la urbe, considera que hace falta voluntad política y ciudadana y que la gente debe organizarse para exigir más parques, plazas, sitios de esparcimiento donde se restablezcan los vínculos con la naturaleza.

«Pero con los ‘tiempos revueltos’, la política y la pandemia, eso ha quedado relegado a un limbo inescrutable. Las prioridades son otras, desafortunadamente».

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