La delincuencia ha destruido los núcleos de la UDO amparados en el aislamiento por la pandemia

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Pese al decreto de cuarentena social obligatoria, los delincuentes no han dejado en paz las diversas sedes de la alma máter oriental. Tan solo en la sede anzoatiguense han ocurrido 28 robos desde que se estableció el aislamiento, a razón de un robo cada dos días. La última incursión dejó un muerto.

Barcelona. Destrucción. Así puede definirse el panorama que vive la Universidad de Oriente (UDO) en medio de la pandemia de COVID-19 que sufre el país y que hasta la fecha ya suma más de 1100 casos positivos.

Si bien las medidas de cuarentena nacional, dictadas por el gobierno de Nicolás Maduro desde el pasado 17 de marzo, se hicieron con la finalidad de proteger a la población para evitar la propagación del virus, la delincuencia aprovechó la ausencia prolongada de autoridades, bachilleres y personal del alma máter oriental en sus diversos núcleos (Anzoátegui, Sucre, Monagas, Nueva Esparta y Bolívar) para arremeter con fuerza.

Tan solo en los 72 días de aislamiento social obligatorio que lleva sumido Anzoátegui debido a la epidemia de coronavirus, que ya cuenta con seis casos positivos, la sede de la UDO ha sido objeto de la delincuencia en 28 oportunidades, a razón de un robo cada dos días.

La última incursión delictiva, efectuada el pasado fin de semana, dejó un presunto antisocial muerto y otro herido. El hecho ocurrió cuando ambos saltaron del techo de la biblioteca de la institución tras haber sido sorprendidos por el vigilante y un oficial de Polibolívar, quienes son los únicos que brindan resguardo a la infraestructura.

Ignacio Díaz, trabajador y dirigente sindical de Sintraudo Anzoátegui, sostiene que la situación dentro de la universidad es inaguantable. “Ya lo que hacen es por maldad, en la universidad ya no hay nada que robar”.

Asegura que han enviado cartas, reportes y mensajes al ministro de Educación Universitaria del gobierno de Nicolás Maduro, César Trompiz, pero la respuesta ha sido nula.

Es inaguantable esta situación y es solo responsabilidad de quienes tienen los medios y las leyes para que esto no siga sucediendo. Denunciamos para dejar constancia frente a las autoridades universitarias, policiales y militares del atropello del que es objeto la institución, el grave daño que se le hace a la continuidad académica y el progresivo ataque a nuestros puestos de trabajo, el futuro de muchos jóvenes está en juego, señala Díaz.

José Figueredo además de ser estudiante de Medicina es dirigente estudiantil y sostiene que las mesas de seguridad, entabladas con los diversos entes de seguridad del estado a principios de año, fueron un “show” porque en lo que va de 2020 se han efectuado más de 60 robos.

“Nosotros como movimiento estudiantil hemos denunciado estos robos en innumerables ocasiones, pero no nos han hecho caso. Hasta la flota de autobuses que teníamos ha sido robada, lo que nos dejaron fueron las carrocerías de los buses, el mobiliario del comedor se lo llevaron, cada día es más decadente la situación de la universidad”, dice.

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En los diversos talleres del campus ya no queda nada que robar. Foto: Cortesía
En Sucre el enfermo no mejora

“Desde enero a mayo de este año ya perdimos la cuenta de los ataques contra la infraestructura y bienes del núcleo de Sucre”, asegura Mario Navarro, quien funge como jefe de Servicios Generales del campus universitario.

El núcleo de Cumaná es la sede central de la también conocida como La Casa más Alta y al igual que en Anzoátegui, ningún espacio se ha salvado de los actos delincuenciales.

“De todos los espacios del núcleo de Sucre, tanto científicos, académicos, culturales, deportivos, sociales y administrativos, los delincuentes se han llevado sillas, mesas, pupitres, rejas, puertas, techos, bombas de agua, han derribado postes de alumbrado público para sustraer tendido eléctrico. Han aplicado ingeniería inversa: están desmontando tubos, columnas, paredes, vigas de soporte”, asegura Navarro.

Dice que además de la infraestructura física, en la UDO Sucre también el personal está en riesgo. Cuenta que en una de esas incursiones tres vigilantes de guardia fueron sorprendidos por delincuentes que accionaron una escopeta con perdigones antimotín y resultaron heridos.

Ahí no está seguro nadie; pero a pesar de ello, redoblaremos el turno de la noche para resguardar lo que aún queda en pie como el Centro Sismológico y el Instituto de Investigación de Biomedicina, acotó.


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