El Festival del Cine Venezolano se realiza de forma online debido a la cuarentena por la pandemia. La presidenta del certamen explica cómo se han adaptado a circunstancias cada vez más adversas. Asegura estar en contra de la censura.

Caracas. Por segundo año consecutivo, el Festival del Cine Venezolano debe adaptarse a circunstancias novedosas. En 2019 mudó su sede de Mérida a Caracas debido a la precaria situación del país, acentuada en ciudades como la andina, afectada mucho más por problemas como la electricidad y el combustible.

En 2020 se sumó la pandemia por COVID-19 que encerró a las personas en casa y las actividades en salas de cine lucen todavía lejanas, por lo que la 16° edición del certamen se hará de forma online a través de la plataforma del Trasnocho Cultural, que debido a la cuarentena comenzó a ofrecer obras teatrales y películas por streaming.

«Independientemente de que cada vez es más difícil llevarlo a cabo, hay un tema que lo hace loable: la producción nacional de cine en las condiciones más adversas. Imagínate tú. Tenemos 11 largometrajes de ficción, 10 documentales y 15 cortometrajes. Además, son películas que están dando de que hablar en el mundo sobre la producción venezolana», asegura Karina Gómez, presidenta del Festival del Cine Venezolano, que se realiza este año del 10 al 24 de septiembre, y que en esta ocasión hace distinción entre películas de ficción y no ficción.

Hasta hace pocas semanas había la esperanza de realizar el Festival del Cine Venezolano en lugares como la Concha Acústica de Bello Monte, el Teatro Chacao y el Trasnocho Cultural
—Hasta hace unos días teníamos cierta ilusión de poder hacer algo en esos sitios, pero se fue desvaneciendo. Estábamos trabajando con Gran Cine y las alcaldías de Baruta y Chacao, pero dadas las condiciones, y las ordenes del Gobierno, decidimos no arriesgarnos a multas. No es fácil. Tú lo sabes.

¿Cómo fue el proceso para elegir a las películas participantes?
—Yo nunca hago selección. En la categoría de ficción está todo lo producido y culminado en el último año. Para documentales y cortometrajes se eligieron las obras que participaron en festivales internacionales. Nos pareció una forma de hacer un filtro, sino sería mucho más. También así garantizamos calidad al jurado y al público.

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El año pasado la película Infección no se pudo estrenar en el país porque el CNAC no le otorgó el certificado de obra nacional. Sin embargo, participa en el Festival del Cine Venezolano. ¿Un acto de reivindicación hacia esta producción?
—Es un acto de reivindicación a la producción nacional. Primero, no estamos de acuerdo con la censura. Eso está claro. Además, el país merece ver las películas que se producen, y no solo cuando se censuran. Cuando se censura una película, más bien le están haciendo un favor. Provoca el efecto contrario.

¿Y no hay temor a repercusiones del CNAC, que es un ente aliado del festival?
—No, no he tenido problemas. Lo que pasa es que llevamos muchos años trabajando con el CNAC. Ellos son muy respetuosos con nosotros, así como nosotros con ellos. Nunca nos han sacado una película. Evidentemente, sé que causa un poco de roce, pero somos un festival de cine. No somos otra cosa.

¿Cuál ha sido la reacción del público asiduo del festival ante esta modalidad online?
—Para mí es aterrador pensar en estos cambios. Hay que ver la respuesta más adelante para saber cómo se siente. Pero bueno, tenemos tan buenas películas, con la plataforma además del Trasnocho Cultural, una institución que es aliada desde hace años. Este año también tenemos la ventaja de la formación con entrada libre, las muestras universitarias que no hubo el año pasado y el regreso del Maratón Cine Átomo. Claro, hay muchas cosas que me encantaría hacer en este momento. Nosotros invitábamos a los periodistas para que vieran todas las películas. Pero eso es imposible. El festival no tiene dinero. Apenas sobrevive y todo eso tiene costo. No es como en Mérida que alquilaba las salas, y podían entrar. Acá es difícil.

¿Se refiere a las acreditaciones para la prensa para ver las películas?
—Es imposible. Primero, el Trasnocho Cultural está nuevo en todo esto de la modalidad online. En este momento todo el mundo está tratando de no ahogarse. Estamos tratando de sobrevivir de la mejor forma posible.

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Ese ha sido uno de los temas comentados en el gremio. Una nota de la periodista Catherine Medina en El Pitazo detalla lo costoso que sería para un periodista comprar las entradas para ver todas las películas del Festival del Cine Venezolano 
—¿Tú crees que a mí no me encantaría dar 300 pases para que la gente vaya? Pero es imposible porque el Trasnocho Cultural tiene que pagar por una plataforma que es costosa por cada reproducción. No es que estamos haciendo negocios, sino que solo apenas cubrimos los costos. Es como muy triste. Eventualmente se encontrará una forma. Porque para nosotros es muy importante la prensa, que es la que hace que la gente vaya a las salas.

Tocamos el tema de la censura, que siempre es espinoso. En redes sociales el documentalista y crítico Sergio Monsalve denunció censura a su documental Venezuela en cuarentena. ¿Qué pasó?
—No pasó nada. Su película nunca ha ido a un festival internacional. Punto. No hay discusión. Yo ni he visto las películas. Solo que no entran de acuerdo a los parámetros establecidos.

El año pasado tampoco entró su documental Esto no es un apagón
—Él nunca ha entrado al festival. Una vez pasamos su documental sobre Jacinto Convit. Invitamos la película porque nos interesaba el personaje. Pero en ese momento ni teníamos competencia de documentales. Y bueno, las reglas están para cumplirse. Cuando él hizo toda esa alharaca le pedí a la gente de la oficina que revisara bien si sus películas habían estado en un festival internacional, y no lo están. Son pataletas. No puedo pasar por encima de lo que el festival como ente establece.

El año pasado la página del festival fue hackeada. ¿Cómo lograron recuperarla?
—No la recuperamos. Solo hicimos otra. No podíamos seguir así. El Festival del Cine Venezolano necesita su página web.

¿Supieron quiénes fueron los responsables?
—No. Tampoco quise averiguar. Es meterse en camisa de once varas y adentrarse en algo que no se podrá recuperar. Porque las personas que lo hicieron también dejaron perder la página.

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Comenta que hay producciones venezolanas que todavía dan de que hablar. Sin embargo, la caída en el número de espectadores en la salas venezolanas el año pasado repercutió obviamente en las películas nacionales. La noche de las dos lunas, la más vista en 2019, sumó poco más de 10.000 espectadores. ¿Qué reflexión hace de eso?
—En los últimos años por razones que son obvias, como lo económico, es difícil. Pero estoy segura de que cuando superemos esta historia, que no sabemos cuándo, se incrementarán los números de las salas. La gente necesita entretenimiento, ¿y qué mejor entretenimiento que verse reflejado en una pantalla?

Hay cineastas que participaron en cursos de formación del festival que luego han tenido éxito en certámenes internacionales o hacen carrera en otras industrias. ¿Cómo se siente al respecto?
—Bueno, Maratón Cine Átomo fue creado exactamente para eso. Queríamos ver qué deseaba contar la gente en momentos en los que las personas prácticamente nacen con una cámara en la mano. Eso hace que el cerebro tenga un oficio que es audiovisual. Evidentemente, el orgullo para nosotros es por aquellos que ahora están en el exterior con sus carreras. Hay uno, por ejemplo, que ya hizo su primer largometraje.

¿Ha pensado en tirar la toalla ante todas las adversidades?
—No, la verdad es que no. Soy una persona súper persistente, y además tengo un equipo de trabajo genial. Siempre sabemos que llevaremos las cosas adelante. Además, la cultura es lo que nos une. Y la gente se merece un festival como este que es como aire fresco y agua en medio de todo lo malo que vivimos.

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