La serie, que se puede ver en Netflix, muestra la gloria de Michael Jordan durante su época con los Chicago Bulls. Se adentra en una figura vista como ejemplar, pero sin omitir los detalles que lo humanizan.

Caracas. Andrés Calamaro pedía en una canción el regreso de Diego Armando. Efusivamente celebraba en su letra todas las alegrías que el pibe le dio a la gente. Mucha agua ha corrido desde entonces, y para muchos, Maradona botó su pedestal.

Pero estás líneas no son por el 10. Desde mediados de abril Michael Jordan vuelve a ser recurrente en las conversaciones de tantos por la serie documental The Last Dance, que ha removido sentimientos y desempolvado recuerdos de aquellos que en los ochenta y noventa se deslumbraron por un atleta que era considerado sobrehumano, imbatible y que en cada juego regalaba más emoción de la esperada. 

Para los adolescentes en los noventa, Jordan era motivo de desvelos, la razón para acostarse contento después de un aluvión de adrenalina y, al día siguiente, compartir la dicha de ser testigos de historia. Michael Jordan y su compañero Scottie Pippen se convirtieron en modelos a seguir. A Dennis Rodman se le admiraba también, pero con cierta precaución por excesos que eran inquietantes para una juventud que empezaba a dar sus primeros tumbos en la vida.

En 10 episodios, el director Jason Hehir ubica al espectador en la temporada de 1998, cuando los Chicago Bulls se tambaleaban internamente ante la inminente salida del entrenador Phil Jackson. Su partida generaba aún más tensión por la amenaza de Michael Jordan de abandonar al conjunto si se concretaba la salida de quien los dirigió durante esos años. Además, los ruidos internos se intensificaban por la inconformidad de Scottie Pippen, quien era subpagado a pesar de ser considerado el segundo mejor jugador de la NBA de esa época.

Hace pocos días, el cantante Asier Cazalis escribió en Twitter que la serie está sobrevalorada. Contó que no pudo ver más de dos capítulos porque le parecía que la historia estaba contada a conveniencia de Michael Jordan, para vanagloriarse más. 

Si bien los primeros episodios ambientan al espectador en el ascenso del basquetbolista a la gloria del deporte, además de remarcar ese proceso como la historia de superación de un joven que fue de menos a más, The Last Dance empieza a dosificar los momentos de estoicismo con las sombras que hubo alrededor de una figura vista como insuperable.

Claro, no son las heridas en el ala del ángel como en Maradona, que podría decirse incluso que está caído. En esta investigación, el director supo combinar muy bien la fortaleza en la cancha con los momentos que humanizan a un personaje que fue usado hasta en comerciales como ejemplo de vida. 

Es así como vemos a Michael Jordan capaz de provocar a sus compañeros de equipo para que rindieran al máximo. Pero no eran las típicas frases que suelen esperarse comúnmente de un mentor, sino palabras que podrían punzar el hígado hasta la repulsión. «Mi mentalidad es salir y ganar cueste lo que cueste. Si no quieres vivir con esa mentalidad exigente, no tienes que estar cerca porque me burlaré de ti hasta que estés a mi nivel. Si no estás a mi nivel, será un infierno para ti”, es una de las joyas que se escuchan del protagonista de The Last Dance

Reacciones, diversas. Hay quienes le agradecen porque, en retrospectiva, ven como necesario ese discurso de lograr las metas trazadas y sacar de cada jugador aquello que consideraban no existía en sus formas. 

También está el Michael Jordan que apuesta, una afición que genera cuestionamientos en una prensa ávida por falencias, por el trazado fuera de línea para titular y especular, incluso con la muerte del padre del deportista.

The Last Dance también indaga en su espíritu competitivo. Es obvio que existía, pero el director explora bastante este rasgo, lo muestra incluso obsesivo, casi enfermizo; una persona que no solo quiere ser campeón de la NBA y superar a leyendas como Magic Johnson o Larry Bird, sino que no quiere perder así sea en el más mundano juego de cartas. “Solo quiero poder decir que tengo tu dinero en mi bolsillo”, le contesta a un compañero de equipo que le pregunta por qué quiere jugar cartas con colegas que solo apuestan 1 dólar por mano. 

The Last Dance
Michael Jordan jugó con Magic Johnson y Larry Bird en el Dream Team de  las Olimpíadas de 1992

Michael Jordan está atento a cualquier comentario en su contra, a cualquier gesto que considere incorrecto, que además asumía como personal y detonante para jugar mejor y callar la boca de quien osaba cuestionarlo. El jugador reconoce los sacrificios personales y emocionales de una vida enfocada en la victoria, dice que el liderazgo tiene un precio. 

Sí, son las anécdotas para la discusión, incluso entre quienes aparecen en la miniserie. Ya algunos jugadores han expresado su rechazo a comentarios del protagonista, quien no ha olvidado afrontas del pasado. Por otro lado, también registra a un jugador endeble en el recuerdo de momentos trágicos de su vida. Emotivo el capítulo dedicado a Kobe Bryant, quien veía en Jordan a un guía. 

Por momentos, los saltos en el tiempo para trabajar distintas épocas resultan confusos, pero son mínimos. La mayor parte de este recurso está bien logrado y funciona para contrastar momentos y personalidades. 

The Last Dance es una obra que despierta las pasiones de quienes vivieron la gloria de un atleta que fue más que suficiente, pero también es un buen recurso para descubrir las razones del afán por esta figura.

No en vano la transmisión por ESPN y ESPN2 de los dos últimos capítulos tuvo un promedio de 5,9 millones de espectadores. Los episodios están disponibles en Netflix. 

Esta serie documental confirma a un luchador, un estilo de vida en estricta disciplina que buscó la perfección, que no se dejó amilanar y que todavía es referencia no solo en el deporte, sino en otros ámbitos. Enfrenta al espectador y sus maneras de vivir; invita a la reflexión sobre los ímpetus y la determinación de cada uno. Pero también alegra ver que hubo más allá de lo que se veía entonces en pantalla, detrás de la evidente fiesta por la victoria, y los dolores y rencores que hoy permanecen. The Last Dance, el héroe de cerca.

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