La película colombiana se puede ver en la plataforma Netflix. Cuenta la historia de un grupo de jóvenes que debe custodiar a una mujer secuestrada.

Caracas. Ocho adolescentes conviven en lo más alto de una montaña. Un paisaje de ensueño en el que la brisa que sosiega y el casi silencio en medio de la lejanía solo se interrumpe por quienes se refugian allí.

Estos muchachos, apartados de todo, forman parte de un grupo ilegal armado en Colombia. En Monos, la tranquilidad del lugar inmediatamente es interrumpida por un arduo entrenamiento. Los que hace poco eran niños son tratados como militares. El cuerpo debe ser esculpido para resistir no solo a los posibles ataques en el frente, sino a una naturaleza que, en su belleza, también susurra hostilidad.

Monos
La película que se consigue en Netflix es un retrato del conflicto armado colombiano

La película de Alejandro Landes cuenta la historia de estos muchachos, que tienen como principal misión custodiar a la doctora Sara Watson (Julianne Nicholson), a quien tienen secuestrada. Periódicamente va un superior a dar instrucciones y chequear que todo esté en orden. Es un hombre pequeño, incluso más débil que algunos a quienes supervisa, pero hay rangos que son respetados, además de ser intimidantes para quienes han sido criados en medio de las armas y las jerarquías.

Estos adolescentes no hablan de ideologías o presuntas reivindicaciones. Tan solo actúan como máquinas que obedecen a una verticalidad.

El director muestra en su obra toda esa densa armonía en un contexto que se asume controlado por sus protagonistas. Entrenan, se emborrachan, hay una supuesta disciplina entre unos casi niños de los que no se sabe muy bien cómo terminaron ahí, con fusiles de asalto en el hombro, y explorando los despertares de la edad entre la casi nada.

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Porque lo que el cineasta exhibe en parte es la paradójica puesta en escena de la supervivencia, que, al principio, no recae sobre quien está cautiva, a quien por momentos el espectador puede olvidar o ver como un elemento sin tensión del que no hay mucho que esperar.

En el largometrajes los individuos son anulados para ser parte de un conjunto que responde a hostiles jerarquías

Monos entonces gira a la rigidez en la que deriva una dinámica cuando la rutina se escapa, en ese momento en el que el orden que parecía mantenerse en constante presencia abre espacios a lo inesperado.

Los muchachos entonces dejan a un lado la camaradería, y la lucha por sobrevivir es un asunto también de cuestionar no solo las lealtades, sino las jerarquías.

Lobo, Rambo, Leidi, Sueca, Pitufo, Perro, Bum Bum y Patagrande entran en una vorágine que los sobrepasa. No hay reconocimiento ni en sus nombres, tan solo apodos que deben obedecer. Individuos anulados que sirven a un objetivo común en el alzamiento en armas en este filme protagonizado por los jóvenes actores Julián Giraldo, Sofía Buenaventura, Karen Quintero, Laura Castrillón, Deiby Rueda, Paul Cubides, Sneider Castro y Moisés Arias.

Los instintos y lo aprendido durante años salen relucir. Pareciera que no hay más opciones cuando la vastedad solo muestra un camino. Una simple travesura, un desliz en una juerga, da un vuelco a las dinámicas de los jóvenes y deben cambiar de escondite.

Jasper Wolf en la dirección de fotografía enaltece la majestuosidad del contexto, pero sin olvidar que el peligro subyace en cada rincón. Un pequeño mundo en una inmensidad en la que están atrapados estos adolescentes, que se vuelven sanguinarios, cada uno fruto del conflicto para el que fueron moldeados.

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La película participó el año pasado en el Festival de Sundance y estuvo nominada a los premios Goya de España, y actualmente está disponible en la plataforma Netflix.

El largometraje llama la atención por su propuesta visual

No hay respuestas a todas las interrogantes que surgen, pero está bien, porque el filme no es pretencioso en sus justificaciones, tan solo se atiene a lo que deriva en un conflicto en el que una de las partes apenas puede reaccionar a lo más inmediato, sin preguntarse las razones de su presencia en medio de tanta violencia. El director además plantea un ejercicio estético, ese que brinda el cine bélico como una forma de cuestionar la interpretación del horror; con misiones en las que la muerte puede rondar como una danza en medio de la selva, el camuflaje parte de un escenario intimidante.

Monos es una película sobre el trauma en todos los sentidos; un retrato grupal, pero también intimista, sobre la pérdida de la inocencia, la violencia intrínseca, los instintos, la formación, la repercusión de las ausencias y la casi innata lucha por un poder, en este caso bastante minúsculo.


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